La biodiversidad marina de las Islas Canarias se enfrenta a una crisis sin precedentes, marcada por la virtual desaparición del erizo de lima. Un exhaustivo estudio realizado por investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) ha desvelado que la población de estos equinodermos ha alcanzado mínimos históricos, registrándose apenas 58 ejemplares adultos en un área de 12.400 metros cuadrados. Esta cifra es la más baja desde que se iniciaron los registros en 1965, y subraya una preocupante transformación del lecho marino, donde las algas están proliferando en áreas que antes eran dominadas por rocas desnudas. La investigación, que forma parte de la tesis doctoral del biólogo Iván Cano Pérez, confirma el fin de una era en la que el erizo negro de púas largas (Diadema africanum) era un elemento esencial de los fondos rocosos del archipiélago.
El análisis, que incluyó 620 transectos visuales submarinos, arrojó un resultado alarmante: menos de un erizo adulto por cada 200 metros cuadrados. Este dato contrasta drásticamente con épocas pasadas, cuando se podían encontrar más de 14 ejemplares por metro cuadrado en los fondos canarios. Sin embargo, la situación es aún más crítica en lo que respecta a la reproducción. Los colectores de larvas y las cuadrículas de campo no registraron ni un solo individuo asentado ni juveniles, lo que implica una total falta de relevo generacional. Esta ausencia de nuevas generaciones y la escasez de adultos están generando un “cuello de botella ecológico”, con el consecuente empobrecimiento genético que impide una recuperación natural de la especie a corto plazo.
La mortandad masiva del erizo Diadema en Canarias se inició en marzo de 2022 en La Gomera, extendiéndose rápidamente a otras islas como Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura, La Palma y Gran Canaria. Los científicos vinculan esta propagación a las corrientes oceánicas provenientes del oeste y a los temporales con componente sur. Además, se apunta a la posible dispersión de una ameba tóxica como el agente causal de esta enfermedad devastadora. Un estudio previo de 2025, en el que participaron Cano y su director, ya estimaba una reducción del 99.66% en la población de Tenerife respecto a 2021, evidenciando la magnitud del desastre. Solo El Hierro, donde los erizos nunca fueron abundantes, logró mantenerse al margen de esta mortandad, posiblemente gracias a la salud de sus depredadores naturales y a políticas de conservación efectivas.
Este fenómeno no es exclusivo del archipiélago canario. La investigación lo sitúa dentro de una pandemia global que ha afectado a diversas especies de erizos de la familia Diadematidae en regiones tan distantes como el Caribe, el Mediterráneo, el mar Rojo, el mar de Omán y la isla de La Reunión. En todas estas zonas, la mortalidad ha oscilado entre el 90% y el 99%, lo que significa que, en el mejor de los casos, solo uno de cada diez erizos ha logrado sobrevivir. Las Islas Canarias podrían haber actuado como un punto de conexión en la diseminación de esta enfermedad entre diferentes océanos, exacerbando la crisis ecológica. La ausencia de este herbívoro clave ha provocado que las algas, antes controladas, ahora dominen el paisaje submarino, alterando radicalmente el ecosistema.
Durante muchas décadas, el erizo de lima fue un jardinero fundamental en las costas canarias, manteniendo las rocas limpias de algas y formando los característicos blanquizales que llegaron a cubrir más de 15 kilómetros de litoral. Su abundancia era tal que en ocasiones se organizaron campañas de retirada, como la que eliminó 85.000 erizos en Gran Canaria. Sin embargo, la situación actual representa un giro drástico, con los fondos marinos experimentando una transición masiva hacia la dominancia de algas como Dictyota o Lobophora. Este cambio, aunque similar en efecto a lo que Noruega buscaba al retirar erizos para recuperar sus bosques de kelp, en Canarias ha ocurrido de forma abrupta, sin planificación y como consecuencia de una enfermedad.
El futuro de los fondos marinos canarios es incierto y sigue abierto a diversas posibilidades. En el escenario más optimista, se podría presenciar el retorno de productivos bosques de macroalgas, como los de Gongolaria, o el establecimiento de campos de Lobophora. Sin embargo, el panorama más sombrío contempla la proliferación de céspedes de algas oportunistas, favorecidos por el cambio climático, o la expansión de especies invasoras como Rugulopteryx okamurae, el alga asiática que ya se extiende por las costas españolas. La dirección que tomará este delicado equilibrio ecológico es, por el momento, una incógnita, lo que añade una capa de urgencia a la necesidad de investigar y actuar para mitigar los impactos de esta crisis.
