En el Parque Nacional de Doñana, el lince ibérico ha alterado drásticamente su comportamiento alimenticio, pasando de su dieta tradicional de conejos a cazar crías de milano negro, una especie de ave rapaz con la que antes coexistía pacíficamente. Esta modificación en su estrategia de caza, documentada en un estudio de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y publicado en 2026 en la revista Nature, se atribuye principalmente a la grave escasez de conejos, su principal fuente de alimento, así como a las prolongadas sequías que han afectado la región.
El equipo de investigación, liderado por Fabrizio Sergio de la EBD-CSIC, ha monitoreado a ambas especies desde 1993 en un área de diez kilómetros cuadrados del parque. Durante casi dos décadas, entre 1993 y 2012, la interacción entre linces y milanos fue mínima, con los felinos atacando menos del 1% de los nidos. Ambos depredadores se alimentaban principalmente de conejos, que eran abundantes. Sin embargo, la situación cambió drásticamente a partir de 2013, cuando una nueva cepa del virus de la enfermedad hemorrágica del conejo diezmó la población de conejos en más del 70% en la zona de Doñana. Dada la dependencia del lince ibérico de los conejos, que constituyen entre el 70% y el 90% de su dieta, esta catástrofe forzó a los felinos a buscar alternativas alimenticias.
Las sequías recurrentes agravaron aún más la situación, al secar las marismas y reducir la disponibilidad de aves acuáticas, otra fuente de alimento para los linces. Fue entonces cuando los ataques a los nidos de milano negro se dispararon, especialmente en los años más secos y cuando la densidad de conejos caía por debajo de un ejemplar por hectárea, el mínimo necesario para la supervivencia del lince. En estas condiciones extremas, los linces han demostrado una sorprendente capacidad de adaptación, trepando hasta 12 metros en los árboles para acceder a los nidos. Su agilidad y peso ligero, entre 9 y 13 kilogramos, les permiten ser excelentes escaladores.
Los investigadores observaron que los nidos atacados solían tener una mayor cantidad de restos de conejo en el suelo, lo que sugiere que los linces podrían estar eliminando a un competidor por este recurso. Aunque esta hipótesis requiere más investigación, los datos muestran que los ataques del lince han tenido un impacto devastador en la población de milanos. En 2018, los linces depredaron hasta el 46% de las crías de milano a punto de volar en la zona de estudio. Las parejas afectadas mostraron una menor tasa reproductiva en los años posteriores y a menudo abandonaban los territorios de nidificación atacados, con efectos duraderos en su capacidad de criar.
Este cambio en el ecosistema de Doñana no solo afecta a los milanos, sino que también ha provocado un efecto dominó en otras especies. Por ejemplo, la población de mochuelos, un pequeño búho que se alimenta de insectos y que suele ser presa de los milanos, ha experimentado un aumento al verse liberada de la presión de sus depredadores naturales. Ante esta situación, los expertos insisten en la importancia de implementar medidas de conservación urgentes, como la recuperación de las poblaciones de conejos y la garantía de que las marismas del Guadalquivir se inunden adecuadamente. Además, sugieren la posibilidad de proporcionar alimento suplementario a los linces durante los años de sequía para mitigar la presión sobre otras especies y asegurar la supervivencia del ecosistema. El lince ibérico, una especie en recuperación, cuenta ya con 885 ejemplares en Sierra Morena, lo que subraya la importancia de proteger su hábitat y sus fuentes de alimento.
La investigación del CSIC revela un preocupante desequilibrio en el ecosistema de Doñana, donde la escasez de presas tradicionales ha llevado al lince ibérico a desarrollar nuevas estrategias de caza que impactan directamente en la supervivencia de otras especies. Esta situación subraya la interconexión de las especies en un ecosistema y la necesidad de mantener un equilibrio que garantice la biodiversidad y la sostenibilidad. La continua supervisión y el apoyo a la investigación a largo plazo son fundamentales para comprender y mitigar los efectos del cambio climático y la pérdida de hábitat en las poblaciones de animales salvajes.
