En una iniciativa crucial para la conservación de los ecosistemas fluviales, técnicos especializados del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa y del Consorci de l’Estany de Banyoles llevaron a cabo la liberación de 52 ejemplares de náyades alargadas (Unio mancus) en las aguas del río Fluvià, cerca de Olot, Girona. Estas criaturas, moluscos de agua dulce con un papel fundamental como bioindicadores, habían pasado una década en un entorno controlado de laboratorio, alcanzando un tamaño que les confiere una mayor probabilidad de supervivencia en su hábitat natural. Este esfuerzo subraya la importancia de estas especies para evaluar la salud ecológica de nuestros ríos, actuando como filtros naturales y reflejando el estado general del ecosistema acuático.
Las náyades alargadas desempeñan una función vital en la depuración de los ríos, filtrando el agua y contribuyendo a su limpieza. Su ciclo de vida es particularmente interesante, ya que sus larvas atraviesan una fase parasitaria en peces autóctonos como la bagra y el barbo. Esta dependencia biológica las convierte en un barómetro sensible de la salud fluvial: la disminución de estas poblaciones de peces impacta directamente en la capacidad de reproducción de las náyades. Por lo tanto, la presencia de una población robusta de náyades no solo indica agua limpia, sino también un ecosistema fluvial completo y equilibrado, con la cadena trófica intacta y una biodiversidad rica que sostiene la vida del río.
La liberación de estos moluscos se realizó en la zona de Prat d’en Gou, aguas arriba de Olot, un tramo del río Fluvià seleccionado por sus características idóneas para la especie. Este lugar cuenta con orillas bien conservadas, un denso bosque de ribera, sedimentos limpios y una calidad de agua óptima, elementos esenciales para el establecimiento y desarrollo de una población saludable de náyades. La presencia de estos bosques ribereños es crucial, ya que ayudan a mitigar las crecidas y a mantener la estabilidad del lecho del río, proporcionando el ambiente adecuado para estos animales filtradores. El objetivo a largo plazo es que esta población inicial se asiente y se extienda de manera natural a lo largo de todo el curso del río Fluvià, fortaleciendo la resiliencia del ecosistema.
Los 52 ejemplares liberados provienen del laboratorio de náyades del Estany de Banyoles, un centro con experiencia previa en la repoblación de moluscos de agua dulce. Estas náyades nacieron en el marco del proyecto LIFE Potamo Fauna, una iniciativa financiada en parte por la Unión Europea, que se enfocó en la fauna fluvial de interés europeo en las cuencas de los ríos Ter, Fluvià y Muga. Los progenitores de estas náyades fueron recolectados en el mismo río Fluvià, asegurando así la reintroducción de individuos genéticamente adaptados al entorno local. Este esfuerzo de cría y reintroducción es parte de una estrategia más amplia para proteger y restaurar la biodiversidad de los ríos de la región.
Un seguimiento realizado hace seis meses en dos tramos del río Fluvià reveló la presencia de más de 130 náyades vivas, incluyendo algunos ejemplares marcados en años anteriores. Esta población ha demostrado una notable resistencia al haber sobrevivido a eventos climáticos extremos como el temporal Gloria de 2020 y la severa sequía que afectó a Cataluña entre 2021 y 2023. Esta capacidad de adaptación subraya la importancia de estos tramos fluviales como refugios ecológicos, capaces de actuar como reservorios para la recuperación de la especie en toda la cuenca del Fluvià y, potencialmente, en otras áreas de Cataluña. La región de La Garrotxa ha sido pionera en la protección de la fauna fluvial desde la década de los noventa, un compromiso que ahora se refuerza con la esperanza de que estas nuevas náyades se reproduzcan exitosamente y contribuyan a la vitalidad del río.
