Un avance significativo en el ámbito del reciclaje textil ha sido logrado por un equipo de investigación de la Universidad de Fukui, Japón. Han presentado un método innovador que permite alterar el matiz de los tejidos de poliéster sin la necesidad de eliminar previamente el tinte, abordando así uno de los desafíos más complejos en la circularidad de la industria textil. Este proceso emplea dióxido de carbono en estado supercrítico bajo condiciones específicas de temperatura y presión, lo que facilita la redistribución de los pigmentos dentro de las fibras.
La metodología, detallada en The Journal of Supercritical Fluids, describe cómo bajo condiciones de 120 °C y 25 megapascales, el CO₂ supercrítico es capaz de penetrar en las fibras de poliéster y movilizar las moléculas de colorante. En un experimento destacable, combinaron muestras de tejido azul y amarillo, logrando una transformación completa a un tono verde homogéneo en un lapso de 90 minutos. Este enfoque representa una alternativa prometedora frente a los procesos convencionales de decoloración, que a menudo implican el uso intensivo de agua, productos químicos y un alto consumo energético.
El profesor asistente principal Jianhua Ren, junto con el catedrático Kazumasa Hirogaki y el investigador Isao Tabata, lideraron este proyecto, cuyo objetivo es mitigar la creciente problemática de los residuos textiles. Anualmente, se generan más de 92 millones de toneladas de desechos textiles, y menos del 1 % de los tejidos de color se reciclan en un ciclo cerrado. La capacidad de cambiar el color sin decolorar abre nuevas vías para el reciclaje de fibra a fibra, eliminando un obstáculo significativo y reduciendo la huella ambiental de la industria.
En el corazón de este proceso se encuentra la habilidad del CO₂ supercrítico para actuar simultáneamente como un gas y un líquido, permitiéndole disolver y transportar los colorantes a través de las fibras. Esto no solo redefine la posibilidad de reutilizar el poliéster coloreado, sino que también evita la introducción de nuevos agentes químicos para la eliminación del color, lo que se alinea con los principios de una economía circular.
Este nuevo descubrimiento se basa en trabajos anteriores de la misma universidad sobre la decoloración con fluidos supercríticos, pero lo supera al permitir la reutilización de las fibras de color sin la necesidad de retirar sus tintes. Los ensayos de laboratorio han confirmado la uniformidad del color resultante y la integridad estructural de las fibras, validando el potencial de esta técnica para futuras aplicaciones industriales a gran escala. Aunque aún quedan desafíos, como la prueba con residuos textiles reales y combinaciones de tintes más complejas, este método marca un paso fundamental hacia una gestión más sostenible y eficiente de los residuos textiles de poliéster.
