Un reciente análisis elaborado por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y el Servei Meteorològic de Catalunya (SMC) ha puesto de manifiesto una transformación climática sin precedentes en la cima del Montseny, Barcelona. Los datos, que cubren un periodo de 76 años, desde 1950 hasta 2025, revelan una disminución drástica en el número de días de helada, casi a la mitad en comparación con las décadas pasadas. Este cambio, descrito por los autores como una «ruptura» en el comportamiento habitual de las temperaturas, sugiere la emergencia de un «nuevo clima», marcadamente distinto al que caracterizó al siglo XX.
La historia de la observación meteorológica en el Turó de l'Home, a 1.707 metros de altitud, se remonta a finales del siglo XIX, aunque la instalación de un observatorio permanente data de 1932, gracias al impulso del meteorólogo Eduard Fontserè. Este refugio de madera, que llegó a ser el hogar de una familia de observadores hasta 2004, fue el epicentro de la recopilación de datos que hoy sirven de base para comprender el acelerado calentamiento global. Desde 2010, una estación automática en Puig Sesolles continúa con esta importante labor, asegurando la continuidad de una serie temporal vital para el estudio del clima.
Los hallazgos del estudio son contundentes: los años 2022, 2023 y 2024 se posicionan como los más cálidos registrados en el Montseny, superando los 9 grados Celsius de temperatura media anual, un umbral nunca antes alcanzado. Este incremento térmico se manifiesta también en las temperaturas máximas, que han experimentado un ascenso de 1,3 grados entre los periodos 1951-1980 y 1991-2020. En contraste, los récords de frío pertenecen a épocas anteriores a 1986, evidenciando una tendencia inequívoca hacia un calentamiento sostenido. El mes de agosto, en particular, exhibe la subida más pronunciada en las temperaturas máximas, con un ritmo de 0,57 grados por década, impactando incluso en las noches, que cada vez son menos frescas.
La disminución de los días de helada es uno de los indicadores más claros de esta transformación. Si entre 1951 y 1980 se registraban un promedio de 112,6 días de helada al año, en el periodo 1991-2020 esta cifra descendió a 93,7. La investigación también destaca que los días con temperaturas por debajo de cero grados durante toda la jornada han disminuido significativamente. A pesar de estos cambios, aún se registran episodios de frío intenso, como la mínima histórica de -19,5 grados en 1956, o los -13,6 grados en 2012, lo que subraya la importancia de no subestimar las fluctuaciones extremas que pueden ocurrir en este nuevo escenario climático.
En cuanto a las precipitaciones, el estudio no identifica una tendencia uniforme, mostrando una gran variabilidad entre años. Mientras que 2020 fue excepcionalmente lluvioso, 2023 experimentó una sequía severa. Estas fluctuaciones extremas tienen un impacto directo en el Parque Natural del Montseny, desde arrastres de material e infraestructuras dañadas por lluvias torrenciales, hasta la mortandad de árboles debido a periodos prolongados de sequía. Estos fenómenos, que afectan la flora y fauna local, evidencian la vulnerabilidad del ecosistema ante los patrones climáticos cambiantes.
Este adelanto de una nota técnica más exhaustiva, que aún está en proceso de revisión y busca expandir la serie de datos hasta un siglo, proporciona una visión crucial sobre cómo el Montseny, hogar de especies endémicas como el tritón del Montseny, se está adaptando y enfrentando a los desafíos del calentamiento global. Los ajustes realizados para comparar los datos de las diferentes estaciones meteorológicas aseguran la fiabilidad de las conclusiones, que son un llamado a la acción y a la conciencia sobre la necesidad de proteger estos valiosos ecosistemas de montaña ante la rápida evolución de nuestro clima.
