El ajolote (Ambystoma mexicanum), una salamandra notable que solo subsiste en los canales de Xochimilco, al sur de la Ciudad de México, destaca por mantener su apariencia larvaria incluso en la edad adulta. Tal como lo señaló la Gaceta UNAM en 2021, la investigadora Norma Moreno Mendoza del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, subraya que este animal mantiene rasgos de su etapa larvaria a lo largo de su desarrollo maduro. A esta peculiaridad se añade su extraordinaria habilidad para restaurar extremidades y cola amputadas, una característica que lo ha convertido en un valioso sujeto de estudio en laboratorios. No obstante, su situación en la naturaleza es alarmante: está clasificado En Peligro Crítico por la Lista Roja de la UICN, y el recuento más reciente en Xochimilco, de 2014, registró tan solo 36 ajolotes por kilómetro cuadrado.
Este anfibio es singular, siendo una salamandra paedomórfica, es decir, un adulto que conserva atributos juveniles, a diferencia de la mayoría de las salamandras que completan su metamorfosis. Mantiene las branquias externas y un estilo de vida acuático propio de las larvas, mientras logra madurar y reproducirse, un fenómeno biológico conocido como neotenia. Esta prolongada juventud podría estar conectada con su famosa capacidad de regeneración, tema que atrae a científicos de todo el mundo. El naturalista italiano Lazzaro Spallanzani documentó esta habilidad en salamandras en 1768, y el ajolote la lleva al extremo, pudiendo regenerar retinas, médulas espinales y cerrar heridas sin dejar cicatrices, incluso en el corazón. La clave reside en moléculas como el ácido retinoico, un derivado de la vitamina A, que puede inducir la regeneración completa de una extremidad amputada, incluso duplicando segmentos ya existentes. El genoma del ajolote, de 32.000 millones de pares de bases, es el más grande conocido en un vertebrado modelo, lo que contribuye a su excepcional capacidad regenerativa.
Las poblaciones de ajolotes silvestres han sufrido un descenso devastador, con una caída de más del 99% entre 1998 y 2014, pasando de 6.000 a 36 individuos por kilómetro cuadrado en Xochimilco. Las principales amenazas son la urbanización, la mala calidad del agua debido a residuos de plantas de tratamiento, y la introducción de especies invasoras como la carpa y la tilapia, que depredan al ajolote. Frente a esta crisis, la UNAM, a través de programas como Adoptaxolotl, trabaja en la rehabilitación del hábitat, restaurando chinampas-refugio y canales, y manteniendo colonias de ajolotes en el Instituto de Biología. Además, se están realizando estudios sobre la reintroducción de ejemplares criados en cautiverio en chinampas restauradas y estanques artificiales, con resultados prometedores en cuanto a su supervivencia y adaptación. Estos esfuerzos son cruciales para salvar al ajolote, cuya existencia está intrínsecamente ligada al ecosistema de Xochimilco.
El ajolote es un testimonio viviente de la asombrosa capacidad de la naturaleza para crear formas de vida únicas y resilientes. Su lucha por la supervivencia es un llamado urgente a la acción, recordándonos nuestra responsabilidad de proteger la biodiversidad y los ecosistemas que la sustentan. Cada esfuerzo por conservar esta especie no solo salva al ajolote, sino que también preserva un legado biológico invaluable y fomenta un futuro donde la coexistencia entre la humanidad y la naturaleza sea posible.
