A pesar de los significativos avances globales en la restauración ecosistémica, Naciones Unidas subraya la urgencia de incrementar drásticamente la financiación. Un nuevo informe, presentado en el marco de la COP17 sobre biodiversidad en Ereván, destaca que, si bien se han recuperado 252 millones de hectáreas degradadas, se requiere cuadruplicar la inversión anual para alcanzar los ambiciosos objetivos de restauración para 2030. Este esfuerzo, liderado principalmente por Asia, es crucial para la sostenibilidad ambiental y el bienestar humano.
La evaluación global detalla que la recuperación de la naturaleza se está dando a una escala inédita, generando más de un millón de empleos verdes. Sin embargo, el ritmo actual es insuficiente para cumplir con la meta de restaurar el 30% de los ecosistemas degradados. La ONU enfatiza la necesidad de una mayor inversión en ecosistemas marinos y de agua dulce, y un compromiso continuo para abordar las causas subyacentes de la degradación, garantizando así la resiliencia climática, la seguridad alimentaria y el desarrollo económico.
Incremento Urgente de Recursos Financieros para la Restauración
El estudio, impulsado por la FAO, el PNUMA y la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, revela que, a pesar de la restauración de una vasta extensión de 252 millones de hectáreas en 149 países, el mundo aún está lejos de cumplir los objetivos de recuperación para 2030. Esta superficie, equivalente al tamaño de Kazajistán, demuestra un compromiso global sin precedentes, pero el informe advierte que es solo una cuarta parte de los mil millones de hectáreas que los países se han comprometido a recuperar. Para cerrar esta brecha, la ONU insta a una expansión considerable de la financiación anual, proyectando una necesidad de 296.000 millones de dólares para 2030, frente a los 64.000 millones actuales.
Este incremento financiero es vital para intensificar las acciones, especialmente en los ecosistemas marinos y de agua dulce, que muestran un progreso limitado en comparación con los terrestres. La inversión propuesta se destinaría a áreas clave como la agrosilvicultura, la reforestación y la restauración de turberas, con un 73% de los fondos proviniendo del sector público y el 27% de fuentes privadas. La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, enfatiza la necesidad de transformar las iniciativas actuales en acciones sistemáticas, promoviendo economías de restauración que protejan y recuperen la naturaleza. Además, el informe destaca que cada dólar invertido puede generar hasta 30 dólares en beneficios económicos, incluyendo mejoras agrícolas, disponibilidad de agua y captura de carbono, además de la creación de millones de empleos verdes.
Desafíos y Oportunidades en la Recuperación Ecosistémica Global
A pesar de que Asia lidera los esfuerzos de restauración, concentrando tres cuartas partes de la superficie recuperada con 192,2 millones de hectáreas, el progreso es desigual entre las diferentes regiones y tipos de ecosistemas. África y Europa le siguen con 36,3 y 9,1 millones de hectáreas respectivamente, mientras que América del Norte, Central y del Sur, y Oceanía, muestran cifras menores. El informe aclara que estas disparidades reflejan la magnitud de la restauración, la superficie terrestre regional y las capacidades de monitoreo, más que una clasificación del desempeño de los países. Un desafío significativo radica en la insuficiente información, ya que 63 de 125 países no proporcionaron datos cuantitativos sobre sus avances en restauración.
Los ecosistemas de agua dulce, marinos y costeros enfrentan retos particulares, ya que se degradan a un ritmo más acelerado y solo cuentan con 11 millones y 5,7 millones de hectáreas en restauración respectivamente. El informe alerta sobre la pérdida de 384 millones de hectáreas de ecosistemas de agua dulce desde 1970 y la desaparición de humedales a una tasa tres veces mayor que la de los bosques. Para abordar estos desafíos, la secretaria ejecutiva del CDB, Astrid Schomaker, subraya la importancia de abordar las causas fundamentales de la degradación y establecer mecanismos de monitoreo robustos para asegurar la sostenibilidad del movimiento de restauración. La recuperación de los ecosistemas, fundamental para la seguridad alimentaria e hídrica, la resiliencia climática y el bienestar, requiere un compromiso político sostenido a largo plazo.
