El Gobierno español ha dado un paso fundamental para la preservación de su patrimonio rural al finalizar el trazado de la Red Nacional de Vías Pecuarias. Este logro, que ha tardado más de tres décadas en concretarse, establece un marco legal y cartográfico para los 11.393 kilómetros de caminos destinados al paso de rebaños, esenciales para la ganadería trashumante y la riqueza ecológica del país.
España Consolida su Red de Caminos Ganaderos Históricos
En un significativo avance para la conservación del medio ambiente y las tradiciones rurales, España ha finalizado oficialmente el trazado de su Red Nacional de Vías Pecuarias. El Consejo de Ministros, reunido el 27 de octubre de 2026, aprobó el real decreto que formaliza esta red de 11.393 kilómetros de senderos ganaderos. Esta iniciativa, impulsada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), llega 31 años después de la promulgación de la Ley de Vías Pecuarias de 1995.
El objetivo primordial de esta acción es salvaguardar el tránsito del ganado y fomentar la práctica ancestral de la trashumancia, según lo comunicado por el MITECO. La red abarca once grandes cañadas reales y cuatro conjuntos de vías, que incluyen rutas que conectan con países vecinos y sirven como arterias para la ganadería extensiva.
Entre las vías más destacadas se encuentra la Cañada Real Leonesa Occidental, con una extensión de 1.080 kilómetros, seguida de cerca por la Soriana Oriental (1.066 km) y la de la Plata o Zamorana (1.044 km). En el otro extremo, la Cañada de Cuenca a Cartagena mide 213 kilómetros. Estas rutas representan la columna vertebral de una red más amplia de más de 125.000 kilómetros y 425.000 hectáreas en todo el territorio nacional.
La Ley 3/1995 de Vías Pecuarias define estas rutas según su anchura: las cañadas pueden alcanzar hasta 75 metros, los cordeles no superan los 37,5 metros y las veredas se limitan a 20 metros. Estos caminos, considerados bienes de dominio público, han sufrido históricamente la ocupación por fincas y construcciones, situación que el nuevo decreto busca remediar mediante una mejor delimitación y defensa de los terrenos públicos. Para ello, se cruzarán datos con el Catastro y el Registro de la Propiedad, y la información cartográfica y administrativa de cada tramo será de acceso público, integrándose en el Inventario Español del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad.
Aunque las comunidades autónomas mantienen la gestión, clasificación y deslinde de las vías pecuarias, el Estado asume la responsabilidad de definir y coordinar la red, así como de informar sobre ella. Se ha creado un Comité de Vías Pecuarias y se establecerá un Programa de Acción con objetivos y medidas de conservación. Además, el Fondo Documental de Vías Pecuarias recopilará planos y antecedentes históricos, enriqueciendo el conocimiento sobre estas rutas.
Más allá de su función ganadera, estas vías actúan como corredores ecológicos vitales para la fauna y flora, contribuyendo a la conservación de razas autóctonas y la biodiversidad. También desempeñan un papel crucial en la prevención de incendios forestales, al crear discontinuidades en el paisaje, lo que ha llevado a varias regiones a impulsar la ganadería extensiva y la trashumancia como estrategias contra el fuego. La trashumancia, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2023, ha sido un elemento central del desarrollo rural y ecológico de España desde tiempos inmemoriales, remontándose a la creación del Honrado Concejo de la Mesta en 1273.
La finalización del trazado de la Red Nacional de Vías Pecuarias marca un hito en la protección del patrimonio natural y cultural de España. Este esfuerzo, que ha superado décadas de inacción, subraya la importancia de la trashumancia y la ganadería extensiva no solo para la economía rural, sino también como herramientas fundamentales en la conservación de la biodiversidad y la prevención de desastres naturales. El reconocimiento de la trashumancia por la UNESCO refuerza aún más la necesidad de preservar estos corredores vitales. Ahora, el desafío reside en la implementación efectiva del Programa de Acción y la asignación de recursos adecuados para asegurar que esta red, finalmente plasmada en los mapas, se traduzca en una realidad viva y funcional en el terreno, garantizando su futuro para las generaciones venideras y para el equilibrio de los ecosistemas.
