Un reciente estudio de la Universidad de Málaga, difundido por SEO/BirdLife en su revista científica Ardeola, ha puesto de manifiesto una preocupante superposición entre el desarrollo de plantas de energía solar y los hábitats de aves esteparias en Andalucía. Específicamente, el 73.84% de las instalaciones solares en Sevilla, junto con porcentajes elevados en Cádiz (73.81%), Granada (72.44%) y Málaga (71.88%), se localizan en zonas consideradas de alta favorabilidad para la avutarda, el sisón y el aguilucho cenizo, especies que se encuentran bajo amenaza. Esta situación se agrava al considerar que Andalucía tiene ambiciosos planes para incrementar significativamente su capacidad solar, lo que plantea un dilema crucial: cómo equilibrar la expansión de las energías renovables con la preservación de ecosistemas frágiles.
La coincidencia en la elección del terreno no es aleatoria; tanto las empresas solares como estas aves buscan llanuras con escasa vegetación y alta exposición solar, condiciones óptimas para ambos. Las aves esteparias, que habitan principalmente en cultivos de secano y lomas suaves, son particularmente vulnerables, ya que estos paisajes agroesteparios figuran entre los ecosistemas más amenazados del continente europeo. España es hogar de una parte significativa de la población mundial de avutardas y sisones (entre el 50% y el 60%), con Andalucía siendo un reducto vital. La naturaleza filopátrica de estas aves, que las lleva a regresar a los mismos lugares año tras año, y su baja tasa reproductiva, hacen que la pérdida de su hábitat sea especialmente devastadora, un problema que también afecta al aguilucho cenizo, cuya cría en campos de cereal se ve perturbada por la actividad agrícola y ahora, por la infraestructura solar. Los autores del estudio enfatizan la urgencia de una planificación territorial que priorice la biodiversidad, sugiriendo la exclusión de hábitats valiosos para estos proyectos y la búsqueda de ubicaciones en terrenos ya degradados, además de proponer medidas compensatorias como la restauración de hábitats y el soterramiento de líneas eléctricas.
La meta de Andalucía de multiplicar su potencia fotovoltaica de 900 megavatios en 2018 a 26,000 megavatios para 2030, refleja una tendencia global hacia la energía solar, que se proyecta como la principal fuente de capacidad energética mundial. Sin embargo, este crecimiento no debe realizarse a expensas de la invaluable riqueza natural. Es fundamental que el impulso hacia un futuro energético sostenible se acompañe de una gestión consciente y respetuosa con la biodiversidad. Es imperativo que la búsqueda de soluciones para el cambio climático no cree nuevas crisis ecológicas, y que la humanidad aprenda a integrar sus necesidades con la salvaguarda de todas las formas de vida.
