El desmán ibérico, un pequeño mamífero acuático endémico de la península, enfrenta una situación crítica, habiendo perdido aproximadamente el 69% de su distribución geográfica en las últimas tres décadas. Ante esta alarmante disminución poblacional, un grupo de expertos en genética de la Universidad de Oviedo ha desarrollado una metodología innovadora para su detección, basada en el análisis del ADN ambiental presente en los cursos fluviales. Este avance representa una herramienta prometedora para el monitoreo y la conservación de esta especie elusiva, cuya supervivencia está intrínsecamente ligada a la salud de los ecosistemas ribereños.
La técnica desarrollada se fundamenta en la premisa de que todos los organismos liberan material genético al entorno, ya sea a través de células epiteliales, mucosidades, excrementos u orina. El equipo de investigación diseñó cápsulas equipadas con gasas estériles, las cuales se sumergen en el agua de los ríos para capturar el ADN flotante. Esta estrategia fue puesta a prueba en 21 puntos distribuidos en cuatro ríos del norte de España, logrando detectar la presencia del desmán en un 31.3% de las muestras analizadas. La clave del éxito radica en el uso de la PCR digital, una técnica mucho más sensible que la qPCR tradicional, capaz de identificar material genético incluso en concentraciones muy bajas, lo cual es fundamental para una especie tan difícil de observar.
Más allá de la detección de ADN en el agua, los investigadores también han explorado el potencial informativo de los excrementos del desmán. El análisis del ADN fecal permite determinar no solo la especie a la que pertenecen, sino también el sexo del individuo mediante la identificación de los cromosomas sexuales. Adicionalmente, estos restos biológicos ofrecen pistas sobre la presencia de especies invasoras como el visón americano, un depredador que representa una seria amenaza para el desmán. Incluso es posible reconstruir la dieta del animal a través del estudio de su microbiota intestinal y compararla con la disponibilidad de invertebrados en el lecho fluvial, ofreciendo una visión completa de su ecología trófica sin perturbar a los ejemplares.
La información genética obtenida de pelos, aunque requiere la captura del animal, también es valiosa para analizar perfiles de microsatélites, que permiten identificar individuos, evaluar la diversidad genética, las relaciones de parentesco y el grado de aislamiento entre poblaciones. Se ha logrado analizar genéticamente a 75 ejemplares, confirmando la diferenciación entre grupos geográficos. Un próximo paso crucial es investigar cómo las infraestructuras fluviales, como presas, afectan el intercambio genético entre las poblaciones. Asimismo, el equipo ha avanzado en el cultivo de células de animales recientemente fallecidos para su potencial uso en bancos de germoplasma, una estrategia de conservación a largo plazo.
Este esfuerzo científico, aunque todavía en proceso de revisión por pares en algunas de sus partes, representa un avance significativo en la protección del desmán ibérico. Los autores conciben estas metodologías como un complemento esencial a los censos tradicionales, especialmente útiles en áreas de difícil acceso. La implementación exitosa de estas técnicas, junto con acciones de restauración de hábitats fluviales, será fundamental para asegurar la persistencia de este singulares mamífero, cuya presencia es un bioindicador clave de la salud de nuestros ríos.
